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SÍNDROMES DISNEY

SÍNDROMES DISNEY

Hay trastornos que tienen el origen de su nombre en dos personajes de Disney, pero que no forman parte del DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales): El Síndrome de Blancanieves y el Síndrome de Peter Pan.

EL SÍNDROME DE BLANCANIENVES

Hace referencia a la distorsión de la imagen que una persona tiene de sí misma con respecto de su juventud, belleza o cualidades características de esta etapa de la vida, y la envidia que la persona siente hacia las personas más jóvenes y que considera que son más atractivas. La población que los sufre son mujeres que superan los 40 años, pero comienzan a registrarse algunos casos de hombres.

El nombre de este síndrome está inspirado en la Reina Grimhilde, la malvada madrastra de Blancanieves. No soporta que haya otra persona más bonita que ella, y siente una gran envidia por la joven. La madrastra malvada y vanidosa, pide a Humbert, un cazador, que acabe con la vida de su hijastra y le traiga su corazón.

Como Humbert se niega a matarla tiene que ser ella misma quien realice el homicidio. La envidia que siente la Reina Grimahalde, hace que no solo quiera matar a un enemigo, sino que su objetivo es acabar con la vida de un familiar.

La persona que sufre este trastorno, igual que el personaje de Disney, siente inseguridad sobre su propia imagen y tiene miedo a la vejez, a no ser mirada como antes, no acepta las consecuencias físicas del paso de los años. Esta inseguridad causa que sienta envidia hacia las personas jóvenes y atractivas y puede llegar a agredir emocionalmente (en algunos casos puede ser físicamente), con humillaciones constantes, a la persona objeto de su envidia.

Muchos de estos casos ocurren entre madre e hija, pero también puede darse entre suegras y nueras, entre hermanas, entre amigas y en el trabajo. La gran frustración que siente la persona afectada por el Síndrome de Blancanieves, afecta negativamente a su bienestar  causando depresión y ansiedad.

Algunas consecuencias de la baja tolerancia a envejecer, le convierten en una persona obsesionada con su imagen física, pudiendo llegar a la cirugía estética para seguir pareciendo joven. Pese a su edad, quiere seguir siendo una “veinteañera” y se viste como tal. Incluso, intenta tener muchas relaciones con hombres para sentirse joven, bella y deseada, si son jóvenes mejor.

Para superar este síndrome se necesita terapia psicológica en la que mejorar el autoconocimiento y la autoaceptación de la propia imagen para reducir los síntomas ansiosos. Con el cambio de las creencias disfuncionales se recupera la estabilidad psicológica y la autoestima. En muchos casos asisten a terapia “sus víctimas”, personas que se sienten humilladas y “pisoteadas afectivamente” por sus “madrastras”, cuya autoestima y estabilidad emocional se ve afectada por la relación que mantienen con mujeres que sufren este síndrome.

SÍNDROME DE PETER PAN

Es un trastorno del desarrollo de la personalidad, donde el sujeto se niega a asumir el paso del tiempo y desempeñar un rol de adulto. El término fue acuñado por el psicólogo Dan Kiley en 1983.

Se caracteriza por la presencia de ciertos aspectos de inmadurez, social y psicológica, acompañados por disfunciones sexuales. Es aplicado a pacientes de sexo masculino, que presentan una personalidad narcisista e inmadura. Mientras el sujeto crece, su percepción interna del yo, permanece en la infancia. Una distorsión más del autoconcepto.

Las personas que lo sufren poseen rasgos de rebeldía, cólera, irresponsabilidad, narcisismo, dependencia, y no aceptación del envejecimiento, manipulación, y creencia de trascender las normas y leyes. No poseen capacidad de empatía y no se abren al mundo de los adultos.

Freud hace referencia a la fijación, aludiendo al estancamiento en el desarrollo de la personalidad, que se verifica en individuos que padecen esta sintomatología.

Este síndrome se debe a múltiples factores: rasgos de personalidad, estilo de afrontamiento de los problemas, etc. El más importante tiene que ver con la infancia: excesivamente feliz, tanto que el paciente llega a idealizarla, viviéndola de forma constante, o bien, una infancia completamente infeliz, carente de afecto, en la que desea recuperar el tiempo perdido. En la mayoría de los casos no ha existido una estabilidad afectiva, relaciones de apego favorables al niño, la educación ha sido demasiado permisiva o ha existido déficit escolar.

Los adultos que rodean al niño, especialmente los padres, son los principales agentes preventivos de este problema. No se debe hacer de la vida real de un niño el escenario de Nunca Jamás. Los niños deben asumir responsabilidades propias de  su edad. Muchos padres evitan esto pensando que su hijo será más feliz facilitándole  la vida. Para que un niño sea feliz, al igual que un adulto, debe verse resolviendo problemas. Afrontando retos.

Por otro lado, un estilo educativo hostil, rígido y con carencias afectivas importantes también podría predisponer al padecimiento del síndrome. Por lo tanto, el éxito de su prevención reside en educar a los más pequeños de una manera en la que el amor incondicional se combine con unas pautas de conducta firmes, que permitan la aceptación de responsabilidades.

Comportamientos que sugieren la existencia de este síndrome:

·         Intenso deseo y necesidad de ser cuidado por otras personas que él considera “más fuertes”.

·         Incapacidad de comprometerse y de cumplir promesas.

·         Incapacidad para asumir responsabilidades. Busca que lo hagan otros.

·         Quejas y críticas constantes acompañadas a su vez por la incapacidad de proporcionar afecto a otras personas.

·         Tendencia al egoísmo; siente que todo debe girar en torno a él y se ofende cuando esto no ocurre.

·         Dependencia especialmente emocional, incluso es frecuente que exista dependencia económica.

·         Su comportamiento es negativista o rebelde.

·         Falta de empatía: este hecho le dificulta las relaciones sociales y le puede llevar a aislarse socialmente, lo que contrasta con un elevado miedo a quedarse solos.

·         Baja autoestima, inseguridad, baja tolerancia a la frustración.

·         Rasgos de personalidad narcisistas.

·         Suelen sentirse insatisfechos con sus logros, pero no hacen nada para mejorar su situación.

·         Verbalizan no querer envejecer, pudiendo idealizar su juventud.

Para superar el Síndrome de Peter Pan hay que trabajar en terapia cómo asumir responsabilidades. Del mismo modo que no podemos volar como hace Peter Pan, tampoco podemos vivir sin adquirir compromisos. Para ello, será necesario aprender estrategias que deberían haber sido entrenadas previamente a lo largo de su vida, como es el caso del proceso de toma de decisiones y resolución de problemas.

A su vez, será necesario enseñar al paciente a manejar sus pensamientos, haciéndole cambiar su forma de interpretar la realidad, especialmente en lo que concierne a sí mismo. En muchos  casos este tipo de pacientes se consideran “víctimas de la situación”, recreándose en sus emociones en lugar de resolver las cuestiones que le causan malestar. Con ello aumentarán su tolerancia a la frustración e incrementarán su nivel de autoestima de forma progresiva.

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